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En el 2010 un grupo de profesionistas jóvenes multidisciplinarios hablantes de diferentes lenguas indígenas, comprometidos con la búsqueda conjunta de soluciones a los problemas del deterioro, de los recursos naturales, (tierra, agua, flora, fauna), pobreza, marginación, producción, la perdida de productos sanos que pone en riesgo la seguridad alimentaria de los pueblos y comunidades, perdida del conocimiento como en la medicina tradicional y de la erosión de la diversidad biológica, entre los que destaca la perdida de semillas criollas como el maíz, fríjol, calabaza, entre otros cultivos propios de los pueblos indígenas y no indígenas de México y de Chiapas, decidimos integrar una agencia de desarrollo a través de una sociedad cooperativa “Promotores del Autodesarrollo Sustentable de Chiapas, en adelante (PROASUS)”.

La tendencia del mundo apunta a imponer técnicas y prácticas de producción homogéneas sin considerar la diversidad existente en cada territorio, donde existen diferentes tipos de recursos (vegetación, fauna, suelo, agua, cultura y recursos económicos), se introducen nuevas especies exógenas a territorios diversos, como si se tratara en todo momento de homogenizar los niveles y las técnicas de producción, sin reconocer la diversidad en todos los sentidos de la propia naturaleza, esa manera, se contribuye a la erosión, a la contaminación de los suelos, el agua, el aire, a la devastación de bosques y selvas y a la extinción de la fauna original de los distintos territorios, todo esto mediante la diseminación de forma masiva de insecticidas, pesticidas, fertilizantes químicos, semillas mejoradas, utilizando para ello los propios programas gubernamentales, para institucionalizar la degradación total de la naturaleza y la perdida cada día mayor de la diversidad biológica.

Estas políticas introducidas a través de los programas institucionales, dictados en muchos casos por las agencias de “desarrollo” como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, entre otros, y como beneficiarios únicos las grandes empresas transnacionales que cada día mas han convertido a los productores del campo en dependientes, en consumidores potenciales de productos químicos y alimentos chatarras, provocando cada vez más el agudizamiento de la pobreza de los habitantes del medio rural e indígena, remarcándose cada día más los problemas de Bajo Índice de Desarrollo Humano, lo cual pasa por la alimentación, la salud y las condiciones de vida y acceso a servicios básicos por parte de la población. Además estas políticas obligan a la migración del campo a las ciudades, acrecentándose cada día más los cinturones de miseria en el medio urbano, la tendencia es de dimensiones mayores porque hoy en día gran parte de la población joven del medio rural se encuentra en la ruta de migración hacia el norte del país, a la península o hacia los Estados Unidos de Norte América.

Lo anterior trae una sociedad cada vez más aculturizada y con franca amenaza de la pérdida de valores, lo cual se materializa en una sociedad altamente conflictuada, desintegrada y altamente dependiente de los modelos externos.

Por todo lo anterior quienes integramos PROASUS hemos considerado que el elemento fundamental a trabajar es impulsar procesos innovadores con los pueblos y comunidades, partiendo de la formación de capital humano, considerando que se trabajará con seres humanos, entendido este como un ente que vive, que siente, que sueña, que tienen aspiraciones, que demanda un reencuentro con su cultura, que exige mecanismos y alternativas que le permitan mejorar sus condiciones de vida, sin que ello signifique atentar contra la naturaleza y la biodiversidad. Esto nos obliga a pensar en alternativas armónicas con la naturaleza, reconociendo a la tierra, el agua, la flora y la fauna, como los principales elementos a preservar, asumiendo que no se trata de preservar por preservar sino de encontrar los elementos que permitan una relación armónica entre el hombre y la naturaleza, en la actualidad y en el futuro.

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